Por qué preferimos lo de siempre

Cambiar de banco en España te llevaría, de verdad, unos diez minutos gracias a la portabilidad obligatoria. Llevas diez años sin hacerlo. Esto no es casualidad: tiene un nombre.

Los economistas William Samuelson y Richard Zeckhauser, en un estudio de referencia de 1988, demostraron que las personas tienden a preferir la opción por defecto o la situación actual frente a cualquier alternativa, incluso cuando esa alternativa es objetivamente mejor y el coste de cambiar es bajo o inexistente.

El vínculo emocional que ya no existe del todo

Este sesgo se solapa con el efecto de dotación que ya vimos: una vez que algo forma parte de 'lo que ya tenemos' —un banco, una hipoteca, un plan de pensiones—, empieza a sentirse como propio de una forma que hace que cualquier cambio se perciba como una pérdida potencial, aunque el cambio objetivamente suponga una mejora.

Concepto clave: sesgo de statu quo

El sesgo de statu quo es la preferencia sistemática por mantener la situación actual frente a cualquier alternativa, incluso cuando el coste de cambiar es bajo y la alternativa es objetivamente mejor. Se refuerza especialmente cuando la opción actual fue en algún momento una elección activa, o cuando actúa como opción por defecto.

Cómo lo refuerzan los propios productos bancarios

El sector financiero se beneficia de esta inercia de forma directa: los productos con la comisión más alta o las peores condiciones no necesitan competir agresivamente por retener a sus clientes actuales, porque la mayoría no se plantea siquiera comparar, sencillamente porque cambiar exige una decisión activa que el sesgo de statu quo hace tremendamente difícil de iniciar.

Este mismo mecanismo explica por qué las opciones marcadas 'por defecto' en cualquier formulario —desde planes de pensiones de empresa hasta seguros con renovación automática— tienen una tasa de permanencia mucho más alta que si esa misma opción se ofreciera como una elección activa entre varias igual de visibles.

En la práctica

Revisión anual, no cambio constante

Compara las condiciones de tu banco actual frente a al menos dos alternativas una vez al año. No hace falta cambiar cada vez, pero sí decidir quedarte de forma consciente.