Si a alguien se le ofrece elegir entre recibir 50€ hoy mismo o 100€ dentro de un año, una parte considerable de personas elige los 50€ inmediatos, a pesar de que esperar supondría duplicar la cantidad. Sin embargo, si la misma elección se plantea entre recibir 50€ dentro de cinco años o 100€ dentro de seis, la inmensa mayoría prefiere esperar el año adicional para duplicar la cifra. La cantidad de tiempo de espera adicional es la misma en ambos casos: un año. Lo que cambia es si esa espera empieza hoy o en el futuro.

Este patrón, muy replicado en experimentos de economía conductual, contradice el modelo económico clásico de descuento exponencial, que predice una tasa de impaciencia constante independientemente de cuándo empiece a contar el tiempo. En la práctica, las personas descuentan el valor del dinero futuro de forma 'hiperbólica': con mucha más impaciencia cuando la recompensa inmediata está disponible ahora mismo, y con más paciencia cuando ambas opciones están en el futuro.

El economista David Laibson, uno de los investigadores más citados en este campo, utilizó el descuento hiperbólico para explicar por qué las personas ahorran de forma razonable en sus planes a largo plazo cuando los diseñan con antelación, pero fallan sistemáticamente en mantener ese ahorro cuando llega el momento presente de decidir entre gastar ahora o aplazar.

Concepto clave: descuento hiperbólico

El descuento hiperbólico describe cómo la impaciencia por recibir una recompensa no es constante en el tiempo, sino mucho más intensa cuando la recompensa inmediata está disponible ahora mismo, y considerablemente menor cuando ambas opciones (inmediata y futura) están situadas en el futuro. Explica por qué es más fácil comprometerse a ahorrar mañana que ahorrar hoy.

Este mecanismo explica gran parte de la brecha entre las intenciones de ahorro declaradas y el comportamiento real: es fácil comprometerse hoy a ahorrar una cantidad fija dentro de seis meses, porque esa decisión futura todavía no compite con el impulso inmediato de gastar; pero cuando ese momento futuro se convierte en presente, la misma decisión se enfrenta de repente a la fuerte preferencia por la recompensa inmediata.

El sector financiero y el comercio explotan indirectamente este sesgo constantemente: cualquier oferta que enfatice 'disfrútalo ya, paga después' se beneficia de esa impaciencia desproporcionada por el presente frente al futuro, mientras que los productos de ahorro a largo plazo, precisamente por competir contra esa misma impaciencia, suelen requerir mecanismos de compromiso explícitos para funcionar bien.

Los planes de ahorro automático —donde el dinero se aparta antes de que llegue a estar disponible para gastar, mediante transferencias programadas justo después de cobrar la nómina— son la aplicación práctica más efectiva de este conocimiento: eliminan el momento de decisión presente en el que el descuento hiperbólico actúa con más fuerza, porque el dinero nunca llega a estar disponible para competir con el gasto inmediato.

Entender el descuento hiperbólico no elimina la preferencia natural por la recompensa inmediata —es un rasgo humano muy extendido, no un defecto personal—, pero sí ayuda a diseñar mejor los propios sistemas de ahorro: en lugar de depender de la fuerza de voluntad en el momento presente, conviene tomar las decisiones de ahorro con antelación, cuando la competencia con el gasto inmediato todavía no está sobre la mesa.