Desde el punto de vista económico, el dinero es completamente fungible: un euro ganado con el sueldo vale exactamente lo mismo que un euro recibido como regalo, como bono o como devolución de impuestos. Sin embargo, prácticamente nadie trata su dinero de esa forma tan racional en la vida cotidiana.
El economista Richard Thaler, premio Nobel por sus aportaciones a la economía conductual, bautizó este fenómeno como 'contabilidad mental': la tendencia a asignar el dinero a categorías mentales distintas según su origen o su destino previsto, y a aplicar reglas de gasto diferentes a cada una de esas categorías, aunque el saldo total sea el mismo.
El ejemplo más estudiado es el del dinero 'inesperado': un bono, una paga extra o un premio se perciben como una especie de dinero que 'no era realmente nuestro' y, por tanto, se gastan con muchísima más ligereza que el sueldo habitual, incluso cuando ambos van a parar exactamente a la misma cuenta bancaria.
Concepto clave: contabilidad mental
La contabilidad mental es la tendencia a agrupar el dinero en categorías subjetivas según su procedencia o su uso previsto, tratando cada categoría con reglas de gasto y ahorro distintas, aunque desde un punto de vista puramente económico todo el dinero sea intercambiable entre sí.
Este mismo mecanismo explica por qué alguien puede mantener dinero en una cuenta de ahorro con un interés bajo mientras arrastra deuda de tarjeta con un interés mucho más alto: mentalmente son 'cuentas' distintas con propósitos distintos, aunque desde el punto de vista financiero puro sería más racional cancelar la deuda cara con el ahorro disponible.
El comercio aprovecha también esta tendencia mediante el marketing de 'dinero encontrado': presentar un descuento o una devolución como una ganancia inesperada anima a gastarla de inmediato en algo no planificado, en lugar de tratarla como el resto del presupuesto disponible.
La contabilidad mental no es únicamente un problema; usada de forma consciente puede convertirse en una herramienta de organización muy potente, como demuestra el método de los sobres o las cuentas separadas por objetivo. La clave no es eliminar las categorías mentales, sino elegirlas de forma deliberada en lugar de dejar que las imponga el origen casual del dinero.
La próxima vez que recibas un ingreso que se sienta como 'dinero extra', merece la pena hacer una pausa deliberada y tratarlo con el mismo criterio racional que aplicarías al resto de tu presupuesto, antes de decidir en qué se convierte.